Uno de los retos que creo que afecta a la vida de muchos escritores no tiene tanto que ver con la falta de ideas por compartir. Se trata de un asunto más bien práctico: gestionar el tiempo de forma eficaz para poder escribir un libro y llegar hasta el final.
La mayoría de los que están atrapados en la vorágine del día a día, bien porque tienen su propio negocio o porque trabajan por cuenta ajena, no suelen tener energía ni tiempo para escribir. Lo normal cuando estamos agotados es que no podamos escribir ni una sola línea. Y repito; no es porque no tengas nada que decir, sino porque el cerebro tiene un límite y a veces se hace imposible organizarse, trazar una hoja de ruta y tener tiempo para escribir.
Creo que hasta que no tomamos conciencia de esta realidad podemos estar acusándonos falsamente acerca de los motivos por los que uno no escribe. Puedes sentir que es por falta de inspiración, o porque estás atascado con tu obra, cuando en realidad lo que ocurre es que no has creado una rutina de escritura, con un plazo de tiempo cada día para sumergirte en el libro que quieres hacer.
Como sé que esto es una realidad de muchos profesionales y empresarios, voy a darte algunos consejos que pueden ayudarte a escribir tu libro. Pero antes aclaremos un punto importante.

La razón por la que muchos no dedican tiempo a escribir
Escribir un libro es algo muy serio; hay que dedicarle muchas horas. Hay escritores que se pasan años dándole vueltas al texto y nunca lo llegan a poner en Amazon. Escribes una línea y la borras, y vuelves a empezar. Tienes cuarenta primeros capítulos escritos, pero de distintos libros que nunca has terminado.
¿Te suena esta realidad de algo? Muchos escritores tienen grandes ideas, e incluso hay momentos en los que están inspirados para escribir, pero por la razón que sea, no ven su libro como un objetivo en sí mismo, sino quizás como un pasatiempo o un hobby, quizás porque escribir no proporciona una recompensa económica inmediata y tu negocio o tu trabajo sí.
Es perfectamente legítimo pensar así (aunque no nos demos cuenta de que no escribimos porque no es prioritario), pero lo cierto es que la recompensa por escribir un libro llega al cabo de un tiempo, quizás de meses o años, y no siempre es una recompensa económica. Al final, todo tiene que ver con la manera en la que vemos las cosas en el largo plazo.
¿Qué es más importante, hacer algo a largo plazo o resolvemos los problemas de cada día? En la vida, deberíamos poder hacer ambas cosas, y no centrarnos únicamente en aquello que nos vaya a generar una recompensa inmediata, aunque no invirtamos la misma cantidad de tiempo.
Consejos para escribir un libro sin tener que dedicarle más horas de las que piensas
Veamos algunas pautas que pueden reducir la complejidad de escribir un libro desde cero. Quizás no tengas problemas con «enfrentarte a la página en blanco», pero sí con la idea de darle a continuidad a tu obra. Veamos qué puedes hacer.
1. Traza una rutina de escritura
Es muy difícil escribir una obra de 70.000 u 80.000 palabras si no hay un hábito de escribir todos los días. Lo más fácil y lo más habitual es escribir algunos miles de palabras, y que ya nuestra mente se acabe cansando de la disciplina de escribir.
Nos vienen más ideas a la mente y nos vamos detrás de otras luces brillantes, en lugar de continuar con el trabajo que habíamos empezado. Es perfectamente normal. O peor aún: las obligaciones de nuestro negocio, nuestro trabajo por cuenta ajena, asuntos familiares, el curso que estás haciendo, el gimnasio y el ansia natural de nuestra mente por tomarse un tiempo de descanso acaban destruyendo cualquier esfuerzo de continuidad.
Cuando desviamos un momento la vista del horizonte, ya no podemos llegar al mismo punto del mapa. Estamos yendo en otra dirección. Y el motivo por el que esto ocurre es sencillo: escribimos porque estamos inspirados, porque tenemos tiempo, o porque el proyecto que estamos llevando nos gusta. Pero como ni la inspiración es sostenida, ni el tiempo infinito y el libro que estamos escribiendo a veces puede no resultar gratificante, una mente no acostumbrada a la disciplina tenderá a abandonar.
No es ningún problema reconocerlo; de hecho, es el primer paso para cambiar. Cuando empiezas a escribir por hábito y no por inspiración o porque hoy tenías horas libres después de tres semanas apagando fuegos, entonces poco a poco empiezas acercarte a tu destino sin apenas darte cuenta.
2. Divide tu meta en tareas más pequeñas
La idea de escribir un libro puede ser grande; igual que la de construir un edificio o cualquier cosa que no genera resultados inmediatos. Requiere un esfuerzo sostenido, durante un cierto período de tiempo, a veces dos, tres o cuatro meses.
Llegar a terminar tu libro sólo es posible si te pones metas fijas y te acostumbras a cumplirlas: «Voy a escribir de 7 a 9 de la mañana, un mínimo de 1000 palabras, de lunes a viernes». Si te centras en cumplir ese objetivo y no tienes prisa por llegar al final, al cabo de un mes ya tendrás unas 22.000 palabras escribas. Y al cabo de 2 meses, unas 44.000, y en 3 meses, 66.000. Pero esto son números previsibles, la realidad es que cuando te pones a escribir, a veces harás 800 palabras, y otras 1500, o 2000. Puede que llegues antes a tu objetivo de lo que tenías previsto.
3. Ten una estructura en mente… y en el papel
Escribir sin saber lo que vas a escribir es como lanzarse a caminar por el desierto sin saber muy bien a dónde vas, sin una brújula, ni tener claro dónde encontrarás agua. Lo más lógico es que no llegues al final.
No es necesario crear estructuras demasiado rígidas, pero sí puede ser útil tener un índice de capítulos provisional, con un breve resumen de lo que vas a contar en cada uno, para que cada día la labor de escribir consista en desarrollar una idea, y no en inventar de nuevo la rueda.
Sé lo que me vas a decir: escribir, y especialmente escribir ficción, es mucho más emocionante cuando no sabes lo que va a pasar en el siguiente capítulo, cuando te dejas llevar por la historia y los personajes, y que sean ellos los que manden. Pero sí hace falta una mínima dirección para que el libro no acabe alargándose hasta el infinito, o te metas en jardines de los que luego no sepas cómo salir.
Habrás oído hablar de los escritores de mapa y los escritores de brújula. En realidad todos tenemos algo de unos y otros; pero hay un tercer tipo de escritor del que nunca se habla, y es el que está completamente perdido, que va navegando sin rumbo porque no sabe a dónde va y simplemente se deja llevar.
En este tercer caso, donde podemos llegar a nuestro objetivo de pura carambola, es donde hay más tasa de mortalidad; es más fácil desanimarse si no sabes lo que quieres contar, o a qué tipo de lector te diriges.
4. No corrijas todavía; y nunca mires atrás
Hay un error que tampoco se comenta, y es hacerle creer a nuestra mente que estamos escribiendo. Nos ponemos delante del capítulo que escribimos ayer, y empezamos a corregirlo, a darle vueltas y más vueltas, porque aún no está perfecto. Y sí, hay días en los que tus manos incontrolables querrán entretenerse en corregir y corregir en lugar de dedicar tu energía a que la historia avance.
Normalmente, esto se produce porque no estamos del todo satisfechos con el rumbo de tu libro; quizás no te gusta cómo estás hilvanando las ideas, te gustaría darle otro enfoque o hacerlo de otra manera. Los escritores que destruyen su obra mientras la escriben abundan por todas partes; y nadie que dé consejos sobre cómo escribir podrá nunca impedirlo. Los pintores pueden emborronar su cuadro si no les gusta; los escultores pueden liarse a golpes con el cincel hasta hacer añicos el mármol porque no ven la figura que querían crear.
No voy a ser yo el que le diga a un artista lo que tiene que hacer; simplemente, te diría que en esos continuos destrozos estás trabajando tu estilo, y aunque a primera vista parezca un fracaso, en realidad es parte del proceso para hacer realmente lo que quieres hacer. A veces hay que destruir tu obra y empezar de cero.
Con todo, te animaría a avanzar hasta el final, y si no te gusta, revisarla después, ya que el problema podría no ser nuestro libro, sino que nuestros ojos críticos no son capaces de ver que una obra terminada, aunque imperfecta, también te ayuda a crecer como escritor. Se trata de llegar hasta el final aunque no seas el primero en llegar a la meta.
Recuerda además que, por mucho que revises tu libro, hacer una corrección ortotipográfica es imprescindible antes de publicarlo.
5. Recupera tu capacidad de concentración
Si hiciéramos un inventario de todas las actividades a las que dedicamos tiempo a lo largo del tiempo, seguramente nos sorprenderíamos. Nos sorprenderíamos de la cantidad de tiempo que perdemos en Youtube, Instagram y otras redes sin apenas hacer nada, y muchas veces en actividades que no nos van a ayudar a cambiar.
Estamos adormecidos viendo lo que hacen los demás, pero sin llegar a hacer algo nosotros. Y si sólo hacemos algo para que lo vean los demás, buscando la gratificación inmediata del like, entonces nunca construiremos algo grande. Tenemos que retrasar la recompensa, y eso implica revisar activamente todas aquellas actividades que no te aportan nada real, pero que te quitan tiempo y menoscaban poco a poco tu capacidad de concentrarte en tus propias tareas.
¿Es compatible escribir y tener un trabajo o negocio?
Diría que es necesario, porque si eres escritor, debes ser consciente de que tu libro no te va a dar de comer en la mayoría de los casos. El hecho de escribir no debe llevarte a menospreciar el tiempo que inviertes en otras cosas de la vida, que son importantes y que son parte del bagaje que todo escritor debe llevar consigo.
Si no puedes escribir todos los días una hora, escribe media. O si no puedes escribir a diario, hazlo de lunes a viernes, o los fines de semana. Se trata de encontrar un lugar y un tiempo en el que no haya nada más que te interrumpa.
Como profesional, son las experiencias del día a día las que te trabajan y te convierten en el especialista que eres en tu área, no simplemente el conocimiento teórico que puedas transmitir. Y en esta era, donde todo el mundo puede escribir con IA sin demasiado esfuerzo, lo que te distingue de verdad es precisamente aquello que te hace diferente, el estilo propio que has ido logrando a lo largo del tiempo.
¿Y si escribo mi libro profesional con IA?
Aquí entra en juego una cuestión nueva, pero que ya muchos profesionales están aplicando. Como no tengo tiempo para escribir un libro, le digo a Claude o ChatGPT que me lo escriba y lo publico.
A primera vista, la tecnología te salva de la tarea de construir un hábito y tener disciplina, lo cual a algunos puede parecerles una ventaja para llegar más rápido a donde quieren y a otros una falta de ética con el lector.
No voy a entrar en ese debate, pero sí te puedo dar mi opinión como lector. A las personas nos interesan las personas, y leemos más a gusto lo que nos cuentan nuestros semejantes a lo que diga una máquina, independientemente de que se haya utilizado la IA como herramienta o no.
Un libro, en el fondo, es una conversación en diferido, donde tú escuchas sin que el escritor te pueda responder en ese momento. Cuando un texto suena demasiado artificial, es fácil que se pierda la atención del lector, porque éste nota que no está escuchando a la persona que quiere escuchar. Al cabo de un rato leyendo, la persona puede pensar: ¿otra vez tú, ChatGPT?
Y no es esa, por tanto, la mejor forma, si decides escribir un libro para crear tu marca personal, o simplemente, para dar a conocer a los demás lo que hay dentro de ti.
